El escritor y poeta pampeano falleció este martes, según confirmaron sus familiares. Tenía 89 años.

Edgar Morisoli falleció este martes después de que lo internaran el jueves pasado en una clínica de Santa Rosa porque su estado de salud se había deteriorado. Es una de las grandes figuras literaria de La Pampa.

La repercusión de su obra excede largamente los límites provinciales, considerado entre los más importantes poetas nacionales. Muchos de sus poemas han sido musicalizados.

 

Pampeano por adopción

Había nacido en Acebal, Santa Fe, Argentina. En 1956 se radicó en La Pampa. Vivió en Colonia 25 de Mayo, Toay y Santa Rosa. Es socio fundador de la Asociación Pampeana de Escritores (APE) y miembro de la Fundación Chadileuvú, institución preocupada por la conservación y conocimiento de los ríos pampeanos.

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Se radicó en La Pampa cuando tenía 26 años, en 1956 y de allí en mas hecho raíces en estas tierras y se convirtió en más pampeano que muchos pampeanos mismos.

Morisoli le dedicoó su poesía de pleno a la provincia. Él mismo lo dijo, cuando recaló por motivos de trabajo en el Departamento Caleu-Caleu: «La zona me hechizó de entrada. No encuentro otra palabra que hechizo, sortilegio, un largo sortilegio»…

Llegó a la provincia contratado por el gobierno de La Pampa para realizar estudios para el aprovechamiento integral del río Colorado.

La Adela, Colonia 25 de Mayo, el sur y el oeste pampeano, paisaje desértico y árido, son «la realidad, el marco de lo que yo trato de expresar con mi poesía», contó alguna vez. «Los elementos del entorno tienen una presencia notoria en mi obra», decía.

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Tiene una dilatada obra que el autor divide en dos etapas. La primera abarca del ’59 al ’74 e incluye cuatro libros: “Salmo Bagual”, “Solar del Viento”, “Tierra que sé” y “Al Sur Crece tu Nombre”.

Después, llego la dictadura militar y siguió un largo período de silencio editorial, del ’74 al ’94. Entonces surge: “Obra Callada”, seis libros reunidos en un volumen. Después vendrían: “Cancionero del Alto Colorado”, “Bordona del Otoño /Palabra de Intemperie”, “Hasta aquí la canción”, “Cuadernos del Rumbeador”, “La lección de la diuca”, “Última rosa, última trinchera” y “Un largo sortilegio”.

Sus poemas fueron musicalizados por los músicos pampeanos. Entre ellos, Agua de todos (Tucho Rodríguez y Délfor Sombra) – El bautista de La Rinconada (Gerardo “Lalo” Molina) – El sur es negro y rojo (Délfor Sombra) – La confinera (Délfor Sombra) – La vuelta (Gerardo «Lalo» Molina) – Ofelia del Oeste (Gerardo “Lalo” Molina) – Pequeña canción de Agua de Torres (Tucho Rodríguez) – Simón Peletay, baqueano (Guillermo Mareque) – Sueño y estampa del agua moza (Gerardo «Lalo» Molina) – Triunfo del Chañar en flor (Délfor Sombra).

Ha publicado los poemarios: Salmo Bagual (1957), Solar del viento (1965); Tierra que sé (1972); Cuatro cantatas, Al sur crece tu nombre (1974); Obra callada (1994); Cancionero del Alto Colorado (1998); Hasta aquí la canción (1999); Cuadernos del rumbeador (2001); La lección de la diuca (2003) y Última rosa, última trinchera (2005).

El año pasado el gobierno había declarado su obra de Interés Provincial Cultural.

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Cultura, consecuentemente y mediante intervención previa de la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural, incorporó al Registro Provincial de Patrimonio Cultural la “Obra literaria del escritor Edgar Morisoli” bajo el Registro Provincial Nº 50 (Resolución 167/19), conforme a la Ley Nº 2083 (Registro Provincial de Patrimonio Cultural).

La secretaría a cargo de Adriana Maggio destacó en ese momento que la obra de Morisoli es de «suma relevancia», por lo que es deber del Estado compartirla en bibliotecas populares, centros de cultura, establecimientos educativos, a los fines de su divulgación, ya que constituye un gran aporte al conocimiento de la historia, modos y paisajes pampeanos.

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«La poesía, narrativa y producción general de Edgar Morisoli son consecuentes -en claridad y hechura-, con su propia vida militante y sencilla, muestra de ejemplo de cómo ser un buen vecino, un buen ciudadano y hermoso habitante de nuestra provincia», dijo la secretaría en un comunicado de prensa.

Entre los fundamentos de la declaración de interés, se destacó que Edgar Morisoli es uno de los mayores poetas que ha dado La Pampa a través del siglo XX e inicios del XXI.

Es uno de los pilares fundamentales en la construcción de cierta “pampeanidad”. Muchos de sus poemas han sido musicalizados y exceden los límites provinciales, lo que lo convierte en un poeta americano, universal.

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Sus trabajos de los años ’59 al ’74 -como «Salmo Bagual», «Solar del Viento», «Tierra que sé», y «Al Sur crece tu nombre»- describen una realidad cabal del Sur y Oeste pampeanos.

Además, los seis textos que integran “Obra callada”, identifican la misma con el período más oscuro y sangriento de nuestra historia, sin dejar de lado el amor y la narrativa de los desiertos de La Pampa occidental y el drama de nuestros ríos.

Obras como «Cancionero de Alto Colorado», «Bordona del otoño / Palabra de intemperie», «Hasta aquí la canción», «Cuadernos del rumbeador», «La lección de la diuca», «Última rosa, última trinchera», «Un largo sortilegio» y «Tabla del náufrago» rescatan el paisaje, construyen una épica de héroes anónimos que pueblan La Pampa, y su escenario de “despojos, genocidios y grandes éxodos, pero también de resistencias populares”.

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A lo largo de los años, Edgar Morisoli ha sido distinguido ente otros, con el Premio Testimonio que otorga el Gobierno de La Pampa y el Premio a los Creadores, del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Es socio fundador de la Asociación Pampeana de Escritores (APE), integrante de la Asociación de Poetas Argentinos y Miembro de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.

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Morisoli fue homenajeado al bautizar con su nombre al colegio secundario que se ubica sobre la calle Bertera 1940, en el Barrio Sur de Santa Rosa.

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Su poesía, su vida

 

En el mapa del lenguaje, Edgar Morisoli (1930), es, junto con Juan Carlos Bustriazo Ortiz, uno de los poetas mayores que ha dado La Pampa a través del siglo XX e inicios del XXI.

En una entrevista realizada por el periodista Augustu Munaro, para Los Andes, contó que su primeros cuatro libros reflejan «el impacto de una realidad tan rotunda, singular y compleja como configuran el Sur y el Oeste pampeanos, hizo que se impusiera por sí misma y reclamara “nombre”. En paralelo, en el aspecto humano, esa etapa constituyó mi encuentro con la cultura criolla del Árido Argentino (habla -léxico y fonética-, costumbres, patrimonio mítico-legendario, etcétera), que como hecho social se extiende -con sus naturales ecotonos- por una extensa zona del país».

Sobre su silencio de dos décadas, entre 1974 y 1994, dijo: «El hiato editorial (no de escritura) de veinte años entre 1974 y 1994, tiene que ver, básicamente, con las sucesivas rupturas del orden constitucional en nuestro país (golpes de estado encabezados por los generales Poggi, Onganía y Videla), su incidencia en mi vida laboral (me obligó a largos alejamientos de La Pampa, donde quedaba mi familia), buscando trabajo en otras latitudes, desde Formosa a Chubut y desde las cordilleras del Viento y de los Andes, hasta el Litoral».

Explicó que los seis textos que integran “Obra callada” tiene una dura historia por detrás: «Desde víctimas de la represión dictatorial en la propia trama familiar, hasta amigos, compañeros de trabajo, miembros de la gran cofradía de los poetas, muerte  y exilio forman el telón de fondo de aquellos años trágicos y gravitan sobre “Obra callada”. Si bien en los seis libros que integran el volumen los temas son muchos y diversos, la publicación, todavía en los días sombríos, de algunos poemas como “Mester de Varonía” o “La llaga”, en las valientes páginas del diario “La Arena”, ayudaron a identificar la obra con el período más oscuro y sangriento de nuestra historia. No obstante, quiero señalar que en esos seis libros también están presente el amor, la épica de los desiertos de La Pampa occidental (“Jornada de los Confines”), el entero abanico de los sentimientos y las pasiones humanas, el drama de nuestros ríos por presencia y ausencia, y muchos más.

Consultado sobre el registro épico de su obra, dijo en esa oportunidad: «Algunos lectores minuciosos de mi poesía me han señalado lo que ellos llaman una “épica del paisaje”… y no estoy en desacuerdo con ellos».

Sobre su estilo, reflexionó: «En “Medalla del sangrador” (“Solar del Viento”, 1966), el poeta desdoblado en el Sangrador, le dice a éste: “las coplas que la vida se olvidó en tu guitarra”. Pues bien mi lenguaje es eso mismo, el que la vida fue haciendo en mí a través de viajes, de lecturas, de charlas de cocina y de fogón (el “real” de los campos abiertos) de contacto con un habla a la que ya me referí, castiza y mestiza».

«Mi poesía se nutre de mi vida, nada más ajeno a mi escritura, a mi creación que el “Mester de clerecía”. Los ríos pampeanos, su drama y su hermosura son mucho más que un elemento del paisaje, son una causa profunda, comunitaria, popular. Son un vector del espíritu de nuestra gente por encima (y por debajo) de edades, sexo, creencias e ideologías. Tal vez resulta difícil transmitir esta realidad a quienes desconocen La Pampa, lo admito. Pero toda mi obra es testimonio de ella», aseguró.

Cuando le preguntaron sobre su obra musicalizada, dijo: «Mucha gente que conoce e interpreta las canciones creadas sobre textos míos… ¡no ha leído mis libros! Eso indica el irrestricto vuelo que tiene la canción, sus andantes horizontes. Quiero señalar que esas canciones, salvo contadas excepciones, no han nacido de un trabajo conjunto con el músico (como idealmente debe ser: así vi trabajar en México a Armando Tejada Gómez con Naldo Labrín), sino que una vez publicado el poema el músico lo conoció al leer el libro y lo eligió para componer. Son muchas las canciones sobre mis poemas, acaso llegan al centenar. La guitarra y los ritmos pampeanos (predominantes aunque no excluyentes), se corresponden adecuadamente».

Fue un gram amigo de Juan Carlos Bustriazo Ortiz. «Es sin duda una de las voces poéticas mayores (si no directamente la mayor) que ha dado La Pampa en el siglo XX. Fue mi amigo y el de toda mi familia desde 1957. Me acompañó en múltiples andanzas topográficas por La Pampa, Río Negro, Neuquén y otras provincias. Fue comensal habitual de nuestra mesa, nos visitaba diariamente, ávido lector de mis bibliotecas», contó.

¿Qué cosas un poeta debería abstenerse de escribir? -le preguntaron.

-El odio. El resentimiento. La envidia. El rencor.

-¿Alguna vez soñó con el Río Colorado, Edgar? Por cierto, ¿los sueños pueden ser utilizados como materia prima para escribir poemas?

-¿Alguna vez? Habría que preguntarme cuando no soñé con el río Colorado y su gente. Obviamente son los sueños materia del arte, de las artes. Casualmente está en prensa, por el sello “Voces” (de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa) un libro plástico-onírico de la artista Paula Rivero, en el cual los textos míos acompañan las láminas. Se titula “El regreso del Juntasueños o las Seis Noches de la Soñadora”. También hay otros textos más, aún inéditos, que pueden referirse al mismo ámbito de los sueños.

 

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El Ministerio de Cultura y Educación de la provincia le otorgó el Premio testimonio en su edición de 1997.

Fuente: eldiariodelapampa

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