El primer mes del año marcó un hito en la ciudad de Córdoba: en ese lapso, y por mucho, los divorcios anotados en la comuna superaron a los casamientos.

Según información provista por la Municipalidad, en enero se concretaron en la capital 202 enlaces, al tiempo que se registraron 392 disoluciones: un 94 por ciento más que las uniones. En otras palabras: por cada matrimonio que se celebró, la Municipalidad de Córdoba anotó dos divorcios, casi 20 por día hábil.

Sin embargo, habrá que esperar a la evolución anual para determinar si esto fue una situación coyuntural –cuya explicación es todavía un enigma, aunque sean imaginables algunas hipótesis– o si hay efectivamente un cambio de tendencia.

De todas formas, las estadísticas de los últimos años han dado cuenta de un acercamiento entre ambos trámites: según datos del Registro Civil y los CPC, en la ciudad de Córdoba en 2019 hubo 2.620 casamientos y 1.839 divorcios; en 2018, la relación fue de 2.502 contra 2.115; en 2017, fueron 2.833 contra 2078; en 2016, 2.979 frente a 1.807 y en 2015, 2.682 versus 1.312.

Cada vez menos. Las ceremonias de casamiento en los CPC y en el Registro Civil cayeron en los últimos años. (La Voz)

Cada vez menos. Las ceremonias de casamiento en los CPC y en el Registro Civil cayeron en los últimos años. (La Voz)

Tasas

A nivel provincial, también se confirma un descenso de los casamientos: mientras en 2001 hubo 10.819 (y fueron menos que antes, por la crisis económica) y en 2005 hubo un pico de 11.543, en 2018 cayeron a nueve mil.

Es preciso aclarar que tanto para analizar el comportamiento de los matrimonios, como de los trámites para dar fin a las uniones, lo que hay que tomar son tasas, el indicador válido para hacer comparaciones, porque la cantidad total de población también va sufriendo modificaciones.

La tasa de nupcialidad en la provincia cayó de 3,5 en 2001 a 2,8 en 2002 (el peor momento de la crisis), con una recuperación a 3,4 al año siguiente. Ya en 2015, en la provincia era de 2,7.

En 2016, descendió a 2,6 por ciento; subió ligeramente a 2,7 por ciento en 2017 y volvió a caer, esta vez a 2,4 por ciento en 2018.

La llamada tasa de divorcialidad, en tanto, es más difícil de obtener, por varias razones. Un de ellas es la dispersión de la información: sucede que el divorcio no es un acto administrativo, sino judicial, y no todas las personas que reciben sentencia de divorcio lo registran en la Municipalidad. En el Registro Civil se deja constancia de la finalización del vínculo conyugal con una anotación marginal en el acta de matrimonio.

Belén Blanda, directora del Registro Civil municipal, no tiene una explicación para el pico de enero. Estima que pudo haber contribuido el hecho de que se sumaron algunos trámites iniciados en diciembre y cuya resolución tomó un mes. “Pero no fueron muchos y es algo habitual en las estadísticas de todos los eneros que se sumen algunos trámites que empezaron a fines del año anterior”, confía la funcionaria.

La abogada especialista en Derecho de Familia Luciana Ulla cree que la estadística de enero puede ser el resultado de cuestiones formales.

“Puede ocurrir que se hayan producido más inscripciones en enero porque se juntaron sentencias que salieron en los últimos meses del año”, manifiesta. “Al disponer la gente de más tiempo, pueden haber aprovechado para no dejar esto pendiente”, considera. Otra hipótesis es que el deseo de iniciar un ciclo nuevo haya impulsado a algunas personas a efectuar los trámites en el comienzo del año.

Al igual que Blanda, apunta que las inscripciones no revelan la magnitud real de los divorcios porque hay muchos que no se inscriben, que logran la sentencia y dejan para después el trámite en el Registro Civil. “La inscripción en el Registro tiene utilidad para quien quiere volverse a casar”, subraya, aunque también apunta que “algunos escribanos lo requieren para distintos trámites”. “Pero el divorcio está completo con la sentencia del juez”, insiste.

La curva ascendente en materia de divorcios es sostenida. Parte de la respuesta a esta tendencia está en la simplificación de procesos.

“Evidentemente, es más fácil la posibilidad de desvincularse y el vínculo es más efímero. En especial, desde la reforma del Código Civil (CC) que habilitó a que cualquiera pueda pedir el divorcio y se eliminó el requisito de justificar los motivos para la separación”, interpreta Blanda.

Victoria Ferrarotti, abogada y diplomada en Derecho de Familia, recuerda que, con el cambio del CC en 2015, se han eliminado los requisitos de plazos (antes debían demostrarse tres años de convivencia) y de invocación de causas para el cese de la vida en pareja.

Para Ferrarotti, los motivos que se alegaban antes de la reforma eran, en los hechos, la síntesis de otros múltiples, acumulados a lo largo de los años, que habían vuelto difícil la vida en común.

“Decir ‘infidelidad’ –ilustra– era quizá decir también muchas otras cosas que habían sucedido antes y habían dañado la relación”. Sobre su actividad en su estudio, describe: “La gente viene ya más relajada a iniciar una gestión para un divorcio”. En buena medida –admite– es porque ya no tiene abrir su intimidad.

La celeridad hoy en el trámite es notable, grafica Ulla: “El más sencillo de los casos se resuelve en apenas 10 días. Antes no demoraba nunca menos de cinco meses, aun en el mismo caso: bilateral o de común acuerdo, sin hijos ni división de bienes”.

Igualmente, la especialista asevera que también hay pedidos de asesoramiento legal previos a los matrimonios.

“En nuestro estudio, las consultas de divorcios son las más comunes. En particular, lo referido a la partición de bienes. En cuanto a los matrimonios, vienen creciendo las consultas de parejas mayores de 38 años”, declara. “Si bien la preocupación al inicio de las relaciones es cómo establecer acuerdos económicos de partida, más adelante estas parejas, muchas de ellas homosexuales, ven en el casamiento la forma de poder transmitir herencia. Si no se casan, la pareja no recibe la herencia”, cierra.

Religiones

Las iglesias también observan un comportamiento diferente en materia de enlaces.

En el caso de los casamientos entre católicos, la disminución fue del 24 por ciento entre 2012 y 2019 (ver Tendencias que también se ven en los templos).

Marcelo Polakoff, rabino del Centro Unión Israelita, señaló que en 2018 celebró 10 matrimonios y que el año pasado fueron la mitad. Sobre las razones, considera que “la gente teme al vínculo a largo plazo”.

Polakoff continúa alentando los matrimonios. “Nos parece el formato más apropiado para dar mayor sacralidad a la vida en pareja”, establece, aunque aclara que “en la tradición judía, el divorcio existe hace tres mil años”.

Otras formas de amar

El tema también está asociado a la mayor adhesión a nuevos formatos de relaciones, sobre lo cual han opinado los especialistas en salud mental en los últimos años.

“Vale la pena reflexionar acerca de lo aceleradamente que se están produciendo los cambios en las costumbres aceptables para el consenso conjunto, ya que tan sólo 20 años atrás era mucho más difícil aceptar abiertamente el matrimonio entre personas del mismo sexo, que hoy está consagrado por ley, o las familias monoparentales por elección; así como 40 años atrás el divorciarse todavía conllevaba cierto estigma”, señala Eduardo Drucaroff, excoordinador de la Comisión de Psicoanálisis y Grupo de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) e investigador en Psicoanálisis de la Familia y la Pareja.

Por su parte, Juan Eduardo Tesone, también miembro de APA, señala: “En los millennials se concibe más fácilmente el mal llamado ‘poliamor’, dado que requiere previamente hablar de cómo es el amor para cada persona y cada pareja”. “Hay mil formas diferentes de amarse –continúa–. Es difícil utilizar el concepto de ‘amor’ como sustantivo, dada su variabilidad”.

Tesone afirma, entonces, que prefiere no hablar de “amor”, sino utilizar el gerundio: “amando”, lo cual remite al dinamismo en los vínculos.

Sin embargo, el divorcio sigue siendo una decisión difícil desde la perspectiva emocional. El psicoanalista Juan Eduardo Tesone, también miembro de APA, afirma que implica “autorizarse a pensar que la unión no es ‘hasta que la muerte nos separe’, fórmula que se verbalizaba en los casamientos hasta no hace tanto tiempo”.

“Que un vínculo se rompa requiere el duelo de dicho vínculo, y en ese sentido no hay separación alegre. Pero también es una nueva oportunidad para vivir de una manera más serena, ya sea reiniciando otro vínculo o no”, añade Tesone.

Aún así, el especialista en salud mental remarca que –de no mediar conflictos que lo impidan– los vínculos amorosos pueden transformarse, lo que permite a la pareja mantener una proximidad afectiva.

Tendencias que también se ven en los templos

Entre 2012 y 2019 cayó un 24 por ciento el número de casamientos entre católicos en la diócesis de Córdoba (que abarca Capital y 100 km alrededor). Pasaron de 3.199 a 2.429.

Según información proporcionada por el Arzobispado de Córdoba, la disminución fue progresiva. En 2013 se verificaron 2.907; en 2014, 2.829; en 2015, 2.831; en 2016 2.685; en 2017, 2.590 y en 2018, 2.600. En tanto, los matrimonios entre católicos y no católicos descendieron de 76 en 2012, a 48 el año pasado. En 2013 habían sido 58; en 2014,55; en 2015, 54; en 2016, 46; en 2017, 56 y en 2018, 53.

Las nulidades, en tanto, exhibieron un ligero incremento en los últimos siete años: de 59 en 2012 a 63 en 2019.

En tanto, el rabino Marcelo Polakoff, del Centro Unión Israelita, afirma que de los divorcios sobre los que tomó conocimiento en los últimos años en la colectividad judía, no todos llegan a una disolución formal. Polakoff señaló, en ese sentido, que el trámite legal se efectúa en la mayoría de los casos cuando el deseo es volver a casarse.

Las estadísticas en el Registro Civil y los CPC

El año pasado, el área oficial que más casamientos registró en la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba fue el edificio central de avenida Colón. Allí se celebraron 500 ceremonias.

Le siguieron el Centro de Participación Comunal de barrio Empalme con 302. En tercer lugar, se posicionó el Centro de Participación Comunal de Villa El Libertador, con 301. En tanto, todos los divorcios se anotaron en el edificio central de la avenida Colón.

Fuente: lavoz

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