La fuerte pérdida de poder adquisitivo que sufrieron los trabajadores el año pasado se está traduciendo en un derrumbe del consumo en el Area Metropolitana de Buenos Aires. Una encuesta realizada entre diciembre y enero por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y el Instituto Proyección Ciudadana relevó caídas en el rubro recreación y en las compras de carne, gaseosas, jugos y soda, lácteos y frutas, fundamentalmente en los sectores de menores ingresos.

El 35 por ciento de los participantes de la encuesta disminuyeron el consumo de lácteos, el 48 por ciento el de carnes, 24 por ciento frutas y verduras, 44 por ciento gaseosas, jugos y soda, 63 por ciento salidas y esparcimiento, 41 por ciento combustible, 23 por ciento medicamentos y 15 por ciento fideos, harinas y arroz. En el otro extremo, solamente el 9 por ciento de los encuestados incrementó el consumo de lácteos, 9 por ciento de carnes, 9 por ciento gaseosas, jugos y soda, 12 por ciento salidas recreativas, 8 por ciento combustible y 10 por ciento medicamentos.

Los rubros donde la mayor cantidad de consumidores incrementaron el consumo fueron fideos, harinas y arroz (13 por ciento) y frutas y verduras (14 por ciento). “En este sentido, se muestra por un lado una propensión a reconfigurar el consumo en términos de hidratos de carbono, relativamente más baratos y por otro lado el incremento estacional del consumo de frutas y verduras propio del verano”, destacó el informe.

La evolución del consumo muestra que en todos los niveles socioeconómicos (alto, medio, bajo) hubo un porcentaje relevante de encuestados que disminuyó las cantidades consumidas. En términos generales, mientras que los de nivel socioeconómico bajo tienden a reducir más el consumo en productos de primera necesidad, los sectores medios y altos lo hicieron en salidas recreativas y combustibles. Por ejemplo, en el caso de los lácteos, el 18 por ciento de los consumidores de nivel socioeconómico alto disminuyeron su consumo, pero el 82 por ciento restante se mantuvo sin cambios, mientras que en el nivel socioeconómico bajo el 44 por ciento si vio forzado a reducir el consumo de lácteos. Con las compras de carne se observa una situación similar. El 54 por ciento de nivel socieconómico alto redujo sus consumos por la suba de precios, pero entre los encuestados de nivel bajo ese porcentaje se eleva al 64 por ciento.

En la ronda de encuesta de diciembre18-enero 19 se preguntó de manera adicional por el consumo de vacaciones. El 51 por ciento de los encuestados indica haber cambiado los hábitos vacacionales durante el 2019, a lo que se suma un 15 por ciento que no tiene planeado irse de vacaciones y otro 15 por ciento que todavía no sabía al momento de realizarse la encuesta. En el otro extremo, solamente 20 por ciento de los consultados afirmó no haber tenido que realizar ningún cambio o modificación.

Considerando el análisis en relación al estrato socioeconómico, surgen diferentes estrategias de adaptación: en el estrato alto el 57 por ciento manifiesta haber cambiado el alojamiento o el destino por uno más barato o reducir la cantidad de días y sólo el 16 por ciento suspendió las vacaciones. En el estrato socioeconómico medio el 23 por ciento realizó ajustes y 20 por ciento suspendió las vacaciones y en el estrato bajo 23 por ciento realizó ajustes y 28 por ciento suspendió el viaje. En el otro extremo, el 19 por ciento de los representantes del estrato alto y el 24% del estrato medio indicaron no haber tenido que hacer modificaciones y solamente el 9 por ciento del estrato bajo.

La muestra incluyó 647 casos. Se llevó adelante entre el 10 de diciembre y el 25 de enero. El 40 por ciento se realizó utilizando puntos muestra en vía pública y el 60 por ciento restante de manera on-line, utilizando paneles y ajustando los criterios a la metodología de bola de nieve.