El incremento del dinero necesario para afrontar gastos básicos e insustituibles, como la comida, el transporte y los servicios públicos, y el fuerte retraso de los ingresos, implican el descenso de escalones de consumo en todos los niveles de la clase trabajadora. Los sectores medios dejan de comprar electrodomésticos y ropa, de salir a comer e ir al cine para concentrarse en que no falte lo básico. Y los sectores de bajos ingresos empiezan a prescindir de lo indispensable. La baja inicial del consumo de bienes y servicios luego refuerza el deterioro social porque implica caída del empleo y de salarios en los sectores productivos.

El Indec informó que la canasta básica de alimentos, compuesta por pan, galletitas, arroz, harina, fideos, papa, azúcar, legumbres, frutas, carnes, huevos, leche, aceite, bebidas, sal y yerba, entre otros artículos de consumo básico, subió en octubre un 7,5 por ciento, con lo cual acumuló en diez meses un aumento del 46,5 y del 51,5 por ciento en relación a octubre de 2017. Según el propio Indec, el último índice de salarios, correspondiente de agosto, marcó un alza interanual del 21,9 por ciento, casi 30 puntos por debajo de la suba de los alimentos. Para las familias que viven con lo justo para comer, esta situación los arroja a la miseria, porque además se mezcla con caída del empleo.

La evaluación de un par de productos centrales de la canasta básica es todavía más impactante. Según los datos del Indec, en el último año el kilo de pan francés subió un 84 por ciento y los fideos guiseros lo hicieron en un 80 por ciento, ambos empujados por la harina, que avanzó un 173 por ciento. El arroz subió 66 por ciento y el aceite de girasol lo hizo en un 79 por ciento. Entre los lácteos, la leche en sachet aumentó 40 por ciento y el queso cremoso, 31 por ciento. La sal fina creció un 60 por ciento. El organismo oficial calculó que un grupo familiar compuesto por dos adultos y dos menores necesitó 9735 pesos por mes solamente para no ser indigente, es decir, para tener acceso a los alimentos que corresponden a una nutrición mínima.

Por su parte, la canasta básica, que además de alimentos incluye los servicios básicos (aunque no el alquiler de la vivienda) subió un 7,5 por ciento en octubre frente a septiembre, acumula en diez meses un avance del 45,4 por ciento y frente a octubre de 2017, un 54,6 por ciento. El mismo hogar de cuatro miembros necesitó de 24.241 pesos (suponiendo que no paga alquiler) para no ser pobre. Teniendo en cuenta un alquiler de unos 12 mil pesos, son casi 40 mil pesos de gastos básicos por mes para no ser pobre.

Este cuadro de situación no se explica sólo por el impacto de la devaluación en los alimentos y otros bienes básicos sino que el Gobierno contribuye directamente al deterioro de los ingresos a través de las constantes subas de los servicios públicos, que no cesan ni siquiera ante el actual derrumbe socio-económico. En el caso del transporte, el incremento de ese rubro del índice de precios al consumidor que mide el Indec fue de 7,6 por ciento en octubre a partir de una nueva suba en el boleto de colectivo. El viaje mínimo avanzó hasta los 13 pesos, con un aumento acumulado en el año del 113 por ciento. También subió el pasaje de tren. El subte, en tanto, aumentó el martes pasado un peso, hasta los 13,50, y seguirá trepando un peso por mes hasta llegar a los 16,50 pesos en febrero. En el año, el subte habrá acumulado una suba superior al 100 por ciento. En tanto, las naftas escalaron casi un 10 por ciento en octubre. Desde enero, los combustibles muestran un alza acumulada del 70 por ciento. Además, el servicio de gas escaló en promedio un 35 por ciento en octubre pero hasta un 50,4 por ciento para las categorías de usuarios más relevantes del Area Metropolitana de Buenos Aires. En el último año, los aumentos ascienden al 218 por ciento, que se montan sobre las subas de 2016 y 2017.