En el primer caso, el director de la institución resolvió ubicar a los chicos en el patio para dejarlos fuera de peligro, pero luego suspendió las clases en cuanto vio una estufa defectuosa y un toma corriente enchufado a su costado. En Merlo la situación fue distinta: la directora pidió a los padres que entraran al establecimiento y allí les advirtió que había “pequeñas pérdidas de gas”, además de otras irregularidades. Sin embargo, aclaró que las clases continuarían por pedido estricto de la inspectora. Los padres se resistieron, sacaron a los chicos del lugar y radicaron una denuncia en el comando de bomberos del distrito, quienes luego junto a personal de Defensa Civil comprobaron que había cinco escapes de gas en el lugar.

Según relató el docente Fernado Sorrentino, el olor a gas en la escuela de Pilar se empezó a sentir alrededor de las 10:40 en la sala del auditorio del establecimiento. ”A la luz de lo acontecido el jueves pasado con los compañeros Sandra y Rubén, armamos un dispositivo para estar alerta ante cualquier falla que hubiera”, relató el profesor en referencia a los fallecimientos de la vicedirectora Sandra Calamano (48) y el auxiliar Rubén Rodríguez (45), víctimas de la trágica explosión del jueves pasado.

“Por primera vez en la vida veo una estufa que no es de tiro balanceado, infraroja, no tenía llave para regular a la vista y al lado de la estufa conectado un toma corriente como si fuese un bypass  por afuera, cuando todos sabemos que no puede estar al lado si hay una perdida”, recordó el docente. Fue en ese momento, que los trabajadores de la institución hicieron un acta firmada por los testigos y le recomendaron al director que tomara medidas. “Resolvió primero ubicar a los chicos en el patio donde no hubiese riesgo y luego suspender las clases”, afirmó.

Las muertes de Calamano y Rodríguez dejaron al descubierto la emergencia de las escuelas bonaerenses y la falta de respuestas de la gobernación ante las denuncias de directivos por el mal estado de la infraestructura. Sorrentino advirtió que los directivos de la escuela de Pilar también se habían quejado ante las autoridades provinciales. “Hubo distintos reclamos, por olor a gas, escapes de gas, y techos que llueven y se caen”, puntualizó el docente, quien enmarcó lo sucedido en “la política de ajuste a la que estamos sometidos”. Por otro lado Karina, madre de una alumna de primer grado de la escuela de Merlo, aclaró que los padres estaban al tanto de las denuncias que se habían radicado en el Consejo Escolar. “Incluso hemos firmado varias peticiones con anterioridad”, puntualizó.

Karina relató cómo fue que los padres presionaron para que se suspendieran las clases esta mañana, a pesar de la negativa de la directora. “Ella empezó a sostener que no la dejaban cerrar la escuela pero todos los padres empezamos a decir que eso no era factible. Algunos se pusieron nerviosos, sacaron a los chicos de la escuela y otros quedaron adentro”, contó la madre. Fue en ese momento que decidieron hacer la denuncia en el comando de bomberos.

“Vino el escuadrón junto con Defensa Civil y constataron que había cinco perdidas de gas, dos estufas en sexto, una en un salón de uso común y las otras no dijeron. Se estableció la evacuación de los chicos que estaban en el lugar, a una plaza de enfrente”, subrayó Karina, quien aclaró que la directora quería cerrar la institución pero la inspectora se lo impedía. “La inspectora la llamó, diciendo que ella no tenía permitido el cierre de la escuela, que hiciéramos un acta y lo eleváramos al Consejo Escolar”, concluyó.